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Mujer moderna, menos saludable

 
2015 - mar - 05
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Salud
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Hábitos perniciosos.Tabaquismo, sedentarismo y estrés fueron asociados a un cambio cultural y a la inserción en el mercado laboral, pero es posible combatirlos.

 
 
 
 

En su largo recorrido por la igualdad de derechos, las mujeres fueron conquistadas en un momento por falsos logros, asociados a estereotipos de modernidad y libertad. Uno de ellos es el tabaquismo. El hábito de fumar no ha dejado de crecer en la población femenina, primero vinculado con la madurez y el desprejuicio y ahora también relacionado con la posibilidad de controlar el peso.

Ya en 1998, un estudio sobre 1.824 adolescentes de entre 9 y 12 años pertenecientes a la ciudad de Montreal (Canadá) permitió probar que las chicas utilizaban el consumo de tabaco como práctica que le permitía controlar su ingesta de alimentos. Más de dos décadas después, en 2011, un trabajo encabezado por Taru Kinnunen, investigadora de la Universidad de Harvard arrojó también una relación positiva entre el consumo de tabaco y la pérdida de peso en las adolescentes predispuestas a desarrollar un trastorno alimentario.

En 2010, la Organización Mundial de la Salud se manifestó tan preocupada por la cada vez mayor inclinación de la mujer hacia el tabaquismo que dedicó el tema del Día Mundial Sin Tabaco de 2010 a “género y tabaco”.

Con el tabaquismo, una patología en sí misma, también aumentó el riesgo de la mujer de padecer enfermedades cardíacas.

Cecilia Cravero, secretaria Académica del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas de Córdoba, recuerda que antes de la última década a la mujer no se la tenía en cuenta como víctima de cardiopatías.

La mujer sin otro factor de riesgo, tiene más posibilidad de padecer una cardiopatía isquémica en la premenopausia, cuando las hormonas protectoras descienden. “Hasta los 60 años los hombres tienen mayor porcentaje de enfermedad coronaria y muerte. A los 70, superamos a los hombres y nos morimos más de enfermedades coronarias”, explica Cravero, especialista en Cardiología.

Pero sobre esta base, la vulnerabilidad femenina a sufrir cualquier tipo de cardiopatía aumentó por la cada vez mayor penetración de hábitos poco saludables, como el estrés, la mala alimentación, el sedentarismo y el tabaquismo.

“La mujer antes fumaba menos, actualmente fuma más que el hombre. Es mayor el número de fumadoras y también la cantidad de cigarrillos”, apunta Cravero.

“Convendría estudiar más cómo perciben las mujeres los desencadenantes que pueden llevar a la adopción del hábito de fumar, tales como la presión de grupo y los modelos sociales”, proponía a comienzos de la década Vikram Pathania, de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, Houghton Street, de Londres.

Para Pathania, es fundamental indagar cómo se desarrolla la adicción en las mujeres fumadoras y cómo éstas sopesan los costos y beneficios de fumar. “Paradójicamente, son los comerciantes de cigarrillos quienes tienen un mejor conocimiento de lo que induce a la mujer a experimentar y, a la postre, adoptar el hábito de fumar”, se lamentaba.

Fuente: www.lavoz.com.ar/