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Paul Auster: darle sentido a una vida que se derrumba

 
2015 - ene - 29
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Tutti Frutti
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Muchos de mis pacientes describen ese viaje donde el alma sale a pasear y parece que no volviera. Como un dolor que traspasa el muro del sonido y se vuelve carne. Volver de la muerte quizá sea un lapso de demencia; no lo sé. Pero es lo más cercano a lo fantasmal.

 
 

Fantasmas: así se llama una novelita maravillosa, la tercera que publicó Paul Auster. Este escritor sacó cuatro o cinco novelas que valen para retirarse con dignidad del lodo enfermizo de la codicia y el ego editorial.

            Fantasmas forma parte de la Trilogía de New York, que de trilogía no tiene mucho. Pueden leerse por separado; de hecho, yo lo hice. Lo agarré en mi peor momento, o en el mejor. Estaba yendo a terapia psicológica por depresión. Fue hace muchos años. Y di con esta novela. Me partió la cabeza, me desarregló las perchas, me inclinó la cancha. La historia es simple y tremenda: un detective con un caso que se vuelve pesadilla. El tipo no hace nada. Sigue a alguien por encargo de un extraño que le manda cheques para que continúe siguiéndolo, sin un objetivo preciso. Un callejón sin salida. El detective comienza a volverse loco. ¿Se imagina el resto de la historia?... No, no termina así. Léenla, por eso sorprende. Le come el coco. Es como que te agarren las pelotas con una pinza y te las estiren lentamente hacia abajo y hacia los costados.

            Lo peor de todo es que luego de leerla se me ocurrió dársela a mi psicóloga, en aquel tiempo. Le encantó, pero cuando me devolvió el libro, en medio de una sesión, me preguntó porque se lo había prestado. Dije que porque me parecía un buen libro. Y me hizo dudar, y ahí me di cuenta que me venía derrumbando como el detective: hueco, sin sustancia, fantasmal.

            Me gusta Auster porque cuenta una historia y listo. Punto. La vida es una confusión tan ardiente que para qué explicarla. Quien tiene miedo de vivir una pasión desbordante, se pone a filosofar.

            De este escritor también recomiendo Ciudad de cristal, El palacio de la luna, Leviatán o La invención de la soledad. Cuando se acueste o se siente en su sillón favorito con un libro de Auster, no dude en ir hasta el fondo, hasta que lo derrote ese misterioso duende que no quiere que sigamos leyendo una buena historia, y nos lleva al mundo más oscuro: dentro de nosotros mismos.

            Algunos libros de este Paul muestran cómo lo real irrumpe en lo fantástico. Y lo peor del realismo, tanto en literatura como en el cine -dos ámbitos que cruzan la vida interior de Auster-, es su exacerbación de lo dramático. Me crispa los nervios, y a mi edad sólo el whisky me consuela. El mundo puede ser un lugar detestable, pero vivir es maravilloso. Cualquier idiota lúcido sabe eso, y en ese maravillamiento se paró este escritor y pudo sacar libros entretenidos. Y punto.