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Martes 23 de Julio de 2019 15:16
 
 
 
 
 

¡Daaaale, contame un cuento chino!

 
2014 - dic - 04
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Tutti Frutti
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¡Primera nota de nuestra nueva columna sobre libros!

 
 
 
 

La semana pasada vino una vieja a mi consultorio, tenía muy hinchadas las venas de ambas piernas, parecían ríos púrpuras desbordándose. Un asco. La acosté en la camilla, la revisé. Un grave problema de varices. Ya ven: esto es una anécdota, pero no llega a ser literatura y a mi lo único que me interesa es la literatura.

No se cómo funciona, pero los chinos hace miles de años que son unos capos en eso. Mucha gente confunde “un cuento chino” con una mentira, con el chamuyo. “No me vengas con cuentos chinos” es una frase conocida, no digan que no. Quizá porque milenariamente han sido una nación invadida-invasora, saqueada-saquedaora, poblaron sus tierras de cementerios; quizá por eso, decía, es que se han dado con tanta afición a la fantasía.

Los chinos también han inventado muchos cosas; les encantan los petardos y son buenos carpinteros (esto lo comprobó el viajero Henri Michaux). Tienen dioses y filosofías extremas, otras más blandas como el taoísmo, y rígidas como el confusionismo (la moral y la ética imperial). Pero también tienen la cabeza poblada de seres extraños y dragones. Este libro del que hablo, es un compilado de escritos muy antiguos y algunos más clásicos, una loca aventura de la que el lector no sale ileso.

Para los que creen que las lecturas de verano sólo pueden ser las revistas y libritos fáciles, éste no es su libro; pero los que crean que escapando a lo real nos volvemos más reales, aquí encontrarán tesoros como el siguiente: “Existe un animal, llamado bingfeng, que habita al oeste del país de los hechiceros; es su cuerpo semejante en forma al de los cerdos, pero con una cabeza en cada punta y todo de color negro” (Libro de los montes y los mares, siglo V, a.C.).

Para leer a los chinos se necesita calma, disciplina que ellos han cultivado con alevosía, al igual que la guerra y el opio. En un momento de mi vida perdí esa calma; podía leer una novela de trescientas páginas en cuatro noches. Cuando tenía 17 lo hacía mejor. Estaba vacío y me llenaba bien con libros, como un Pac Man aprendiendo a deletrear. Años después conocí los cuentos chinos y todo cambió, comencé a soñar: “Cuando hay un pelo de un hombre sujeto en el pico de un pájaro que vuela, ese hombre sueña que vuela.” (Zhang Hua, 232-300 d.C.)

 

Ficha técnica:

Título: Cuentos fantásticos chinos

Editorial: Seix Barral

Páginas: 190

Año: 2000